Nuestro personaje del día igualmente pretende que sea el prójimo el que le pague los daños causados, más concretamente su casero, así sucedieron las cosas:Un cliente le pide a su abogado que le reclame unos daños a su casero, ya que la cocina de la casa que tiene alquilada ha sufrido algunos desperfectos, y el abogado, de forma algo mecánica, cursa la reclamación sin hacer demasiadas preguntas.
Pasados unos días recibe una llamada del casero, que atónito por la reclamación, le dice al abogado que su clienta ha tenido suerte que la compañía de seguros va a pagar el siniestro, pero que menudo rostro hace falta poseer para reclamar por un accidente que ha causado ella misma, al olvidarse el fuego de la cocina encendido. El abogado enrojece secretamente, mantiene el tipo y recuerda a los deudos de su clienta que le ha facilitado una información tan “completa”.
Cuando la clienta vuelve a llamar al abogado para intentar que además reclame los gastos que le ha ocasionado tener que comer esos días en un restaurante, es cuando nuestro abogado ya dice “hasta aquí hemos llegado” y a punto está de perder la compostura.
que cara más dura... seguro que el cliente dirá que vaya abogado le ha tocado en suerte, que no ha hecho nada por ella, pero siempre es mas facil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.
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